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Miedo a los bárbaros, por Giovanna Rivero


ientras adivino las nubes nocturnas de regreso a mi pueblito gringo, me atrevo a adivinar también el planeta, de a retacitos claro, única narrativa posible para estos ejercicios mentales de insomnio en los aires. La hilera de asientos es toda mía; puedo estirar las piernas hasta Panamá, desde allí aguantaré lo que sea, el tramo es corto. Pienso en mi hermano que sufre y que se acerca a la edad final de Amy Winehouse y una cierta desolada hambre al estilo de Amy Winehouse. Le haría bien a mi hermano una causa mayor, ser parte de la juventud chilena, por ejemplo, sumar su individualidad atormentada al sueño colectivo. En Bolivia la juventud, como fuerza política, todavía está dormida. Dormir cansa.

    Un día van a despertar… Viejos, claro.
    He prometido regresar en Navidad, pero no estoy tan segura, es ese tipo de promesas que depende de tantas tantas cosas más que del dinero. Promesas blanditas, promesas sin total autonomía. Hago innecesarias escalas, cruzo mares ajenos con el corazón atento, como Aladino sobre la alfombra voladora, voy de lo que Todorov bien podría reconocer como el “país del resentimiento” al “país del miedo”, aunque probablemente ambos tengan mucho del otro.
En el País del Resentimiento el Poder Judicial es una máquina de tortura, se intervienen los teléfonos celulares de los originarios de la selva beniana por orden de la Fiscalía para acusarlos de contactos sospechosos con Estados Unidos e invalidar así su férrea resistencia a la construcción de una carretera que atravesaría sus tierras, un parque reservado, dicho sea de paso, con todos los riesgos que actualmente implica una carretera en esa zona: narcotráfico, violencia, migración sin criterio o con criterios imperiales andinos.
    En el País del Miedo, Casey Anthony, una joven mujer acusada de asesinar a su hija Caylee, de tres años, es declarada inocente pese a que inicialmente todo apuntaba a su culpabilidad. Las evidencias, sin embargo, no fueron contundentes. El abogado dice que eso hace grande a este país, el inviolable derecho a la presunción de inocencia y a ser defendido con objetividad. La sociedad de Florida, no siempre frívola y bronceada, protesta ante lo que supone una tremenda equivocación del jurado, un imperdonable error. Recurren a la justicia poética de Dios y a la antigua noción de la conciencia como el soporte incómodo para el espíritu. Le desean mil años de purga a la llorosa y mediática madre huérfana.
    Como no puedo quedarme a vivir en el avión, por ahora yo prefiero la posibilidad de ese inmenso error.
    Ah, el Papa Benedicto XVI también ha advertido que el hombre se ha alejado demasiado de Dios y ostenta una verdad portátil, pildoritas de resignación. Esta soberbia paradójica lo llena de desesperanza. El slogan revolucionario que inauguró la posmodernidad, “Dios ha muerto”, no ha dado frutos muy jugosos.
    Desesperanza: desesperación. Una cierta incapacidad para volver al Gran Relato. Todorov, de todas maneras, lo consideraría (al Pope) como el mayor de los fundamentalistas, es decir, un bárbaro por excelencia.
    Un pasajero que aborda la nave en Panamá se instala a mi lado sin saludar. Allá él. Ideas, cosas, experimentos con la justicia que se hacen en distintas partes del planeta.
    Y tal vez por miedo a los mil disfraces de la barbarie, me pregunto si a mis hijos les estoy dejando la suficiente sed como para hacer sus propias búsquedas, su propio collage espiritual, el cincel con el que pulir no solo la personalidad, cascarita desechable al fin y al cabo, sino el alma.
    El capitán advierte que el vuelo enfrentará turbulencias, Irene amenaza el Caribe. La naturaleza contra el hombre, implacable enemiga, justiciera gótica.
    Finjo dormir para que la azafata no me incluya en la cena y este gesto me permite escuchar con claridad a mi vecino (un sujeto que no cuadra para nada con la descripción del bárbaro todoroviano) cuando le pregunta en voz muy baja pero firme y oscura si ella está con su menstruación.

Giovanna Rivero (Santa Cruz, Bolivia/ Florida, EE.UU.)

Rivero escribe en el blog Dark Paranoid Park
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